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Tengo miedo

Lola Martes, 25/02/2014 14:44
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Miedo

Dice R. D. Laing, que es lo que no conocemos, aquello de lo que no somos conscientes, lo que limita lo que somos y lo que hacemos. Siempre me ha parecido una frase fascinante, llena de un significado profundo del que solo llegaba a atisbar una pequeña parte. Hasta la semana pasada.

La semana pasada descubrí en primera persona un aspecto mucho mayor del concepto del doctor Laing, descubrí que tengo un miedo no consciente a establecer una relación de pareja. Se supone que el miedo es algo evidente ¿no? Que te provoca una emoción directa y que es fácil de identificar. Además, cuando ya has identificado algo, solo se trata de superarlo. Es sencillo ¿verdad? ¿Pero qué pasa cuando ese miedo está tan oculto que no eres capaz de verlo? Ocurre que no puedes trabajarlo porque lo desconoces y te domina a ti, desde tu propia sombra.

Me acuerdo de un post que escribí hace no mucho “¿Seré yo?” en el que, precisamente, hablaba de que lo que nos ocurre no es gratuito, en su mayor parte viene provocado por nosotras mismas. Bien, pues no me imaginaba yo que tanto.

el miedo miente

El miedo es un mentiroso.

Estas son las pautas que mi miedo a iniciar una relación ha utilizado para, supongamos, evitar que yo vuelva a sufrir. Todo esto, aunque lo describa en tercera persona, lo he hecho yo, pero tan inconscientemente, que no era capaz de responsabilizarme de ello y mucho menos de gestionarlo.

  • Elegir parejas que no durarán. Bien porque no estás enamorada de ellos, bien porque sabes que hay algo en la relación o en ellos que hará que termine relativamente pronto. Es la mejor de las herramientas del miedo: te mantiene ocupada, te hace pensar que no temes iniciar relaciones (de hecho, iniciarlas no te da miedo) y tiene el fracaso asegurado. Así, vas de relación infructuosa en relación infructuosa preguntándote cómo puede ser que tengas tan mala suerte. Bueno, pues ya lo sabes.
  • Crear barreras de entrada. En cuanto alguien amenaza con ser el tipo de pareja con la que podrías tener una relación estable, duradera e incluso feliz, es el momento de comenzar con la artillería: hay que echarle. Se trata de asustarle, de hacer todo tipo de cosas que le puedan desanimar y, en definitiva, hacerle llegar a la conclusión de que, aunque él no lo sepa, estar contigo es lo peor que le podría pasar. Nuevamente, tú disfrazas estas herramientas con mil excusas: “solo estoy siendo honesta” por “estoy haciéndome pasar por una freaky incurable cuando este no es más que un hobby que me lleva media hora a la semana”; “se trata de que él demuestre suficiente interés” por “no pienso hacer nada que pueda contribuir a la relación hasta que te canses y te vayas”, etc. No subestimes a tu inconsciente, es muy creativo.
  • Desincentivar el esfuerzo. Si, milagrosamente, el chico ha superado todas las barreras que le has puesto para llegar hasta ti y sigue interesado, al miedo todavía le queda un as en la manga: tú. Ya ha intentado convencerle a él de que no vales la pena el esfuerzo y no lo ha logrado, ahora toca intentar convencerte a ti. Hará todo lo que esté en su mano para desincentivar cualquier tipo de interés que pueda surgir en ti, procurará infravalorarle e inventar o agrandar defectos que no sabemos muy bien si tiene pero, qué más da, contribuyen al objetivo. Ahora, él es el enemigo y el miedo te necesita en su bando.
  • Barreras de salida. Acompañando a la estrategia anterior, volverá una y otra vez a lo bien que estás sola, a lo poco que necesitas una pareja en tu vida. Tú ya eres feliz, estás cómoda, a gusto, moderadamente feliz ¿de verdad necesitas tantas complicaciones? ¿por qué no te olvidas de esta historia y vuelves a tu vida de siempre? No está tan mal, en el fondo.
  • Bloqueo completo. Esta es ya la desesperada del miedo: ambos habéis superado las barreras y todas sus estrategias, estáis –oh, insensatos- decididos a conoceros y probar a ver si esto puede llevar a alguna parte, no le queda más que desenmascararse y lanzar todas las alarmas del miedo.  Puede llevarte a un bloqueo físico y mental que te impida parecerte en lo más mínimo a un adulto funcional, puede hacerte huir despavorida sin motivos ni explicación o puede hacerte buscar cualquier forma de pelea (discusiones, desencuentros…) que, definitivamente, acaben con el enemigo.

 

Mi miedo concreto es sobre las parejas, pero el mecanismo se repite con variaciones para cualquier cosa que deseas conscientemente pero que inconscientemente temes: tener un hijo, cambiar de trabajo, emprender, vivir en el extranjero… Da igual de qué se trate, cuando el miedo no está identificado, las estrategias que utilizará estarán siempre revestidas de lógica y sentido de la prudencia.

Acabo como empecé: lo que más nos limita es lo que desconocemos, lo que se encuentra en nuestra sombra. Ahora lo entiendo mucho mejor.

Y tú ¿a qué tienes miedo?

 

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Fuente de fotos: pinterest.com

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Las estrategias que utiliza el miedo y no conoces
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